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Nuestra institución se solidariza con el compañero juez Víctor Lingotti, quien recibió una salvaje agresión en el partido de Río Negro y Juan XXIII, por la Copa Santiago Pinasco, que organiza la Asociación Rosarina de Fútbol.

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Repudiamos, rechazamos y no aceptamos la violencia

Manifestamos nuestro más profundo disgusto ante los lamentables sucesos ocurridos a Victor Lingotti, del Sadra, quien fuera verbal y físicamente agredido el pasado fin de semana, durante su función como árbitro principal del partido entre Río Negro y Juan XXIII, por la Copa Santiago Pinasco, que organiza la Asociación Rosarina de Fútbol.

Nuestra cultura, esa que tanto nos ha costado edificar para proteger valores como por ejemplo el respeto, viene cuestionándose día tras día y sumando una identidad que habla de violencia. Está resultando cada vez más común experimentarla dentro de un campo de juego y percibir la crueldad de sus efectos.

Pese a que la violencia contra los árbitros, fin de semana tras fin de semana, está ahí (basta con hojear las páginas de los diarios locales), permanecemos inmóviles a lo que tales sucesos despliegan en su interior. Este fin de semana le volvió a tocar a otro compañero. Y no podemos parecer inmunes, con respecto al impacto emocional que nos producen las imágenes de dicha agresión, como al pensamiento erróneo de que nunca podrá sucedernos a nosotros.

No atinamos a comprender por qué un resultado futbolístico, por pésimo que sea, para un equipo u otro, representa que debamos aún más protegernos de esa porción indomable de agresores que hay dentro y fuera de un campo de juego. Sentir, por lo tanto, la agresión de nuestro compañero Víctor Lingotti como propia, es por tanto colocarnos en una posición de búsqueda y esfuerzo en encontrarle sentido a algo que no lo tiene. Poniéndolo en palabras sería: “Esto no tiene sentido, que hemos hecho para merecerlo”.

Si nosotros ponemos nuestro esfuerzo diariamente en capacitarnos y entrenarnos para ser cada vez mejores y así neutralizar cualquier tendencia a la violencia que podamos recibir, ¿por qué quienes la ejercen no tratan de construir límites para contenerla?

Pensar que en vez del tradicional equipamiento deportivo negro que usamos deberíamos ponernos una armadura de hierro para entrar en una cancha y hacer lo que amamos es realmente triste.

Lo negativo se contagia, por eso cada día es más común escuchar sobre este tipo de agresiones, pero lo positivo también y mantenemos la fe de que podremos en algún momento terminar de encontrarnos con esta clase de violentos que sólo opacan la hermosura de nuestro fútbol.

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